Calle Katalin – Magda Szabó
11 agosto, 2010, 17:20
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Mondadori reedita el maravilloso libro de la búlgara Magda Szabó. No os lo perdáis. No lo olvidaréis.

“El proceso de envejecer no es como lo describen los escritores, ni tampoco como se define en la medicina.
A los vecinos de la calle Katalin ni los libros ni los médicos les habían preparado para la
extraña nitidez con que la vejez les iluminaría (…) Nadie les había advertido de que la desaparición de la juventud no resultaba alarmante por lo que les quitaba, sino por lo que les daba. Ni sabiduría, ni serenidad, ni sobriedad o calma, sino la conciencia de la desintegración del Todo.

De pronto se percataron de que la vejez había desintegrado su pasado, algo que en su infancia y años de juventud habían considerado compacto y sólido; (…) El espacio se había resquebrajado en escenarios, el tiempo en fechas, los hechos en episodios, y los vecinos de la calle Katalin acabaron comprendiendo que, de todo lo que constituían sus vidas, en realidad sólo importaban unos pocos escenarios, fechas y episodios (…)

Para entonces ya sabían que entre vivos y difuntos apenas hay una diferencia cualitativa sin demasiada importancia, y que a cada ser humano le es dado tener en la vida a una sola persona a quien invocar en el instante de la muerte”.

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Inka Parei – La luchadora de sombras
28 junio, 2010, 19:27
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[…] El despertar resulta doloroso.
Más que al emerger de un sueño se parece a la violenta sacudida de quien regresa de un estado de embotamiento. Mis miembros siguen tiesos e insensibles, mientras que mis párpados empiezan a moverse dejando de ofrecer protección a los ojos; un breve pestañeo les revela toda la dimensión de la catástrofe.
Un olor a chamusquina flota sobre el barrio.
Estoy tumbada bajo la ventana abierta, y noto cómo los vahos entran a intervalos irregulares, empujados por las rachas cambiantes de viento. Es una mezcla de polvo, goma quemada y ramilletes de lila en flor. Aspirarla me produce náuseas.
Un sabor agrio me llena la boca de saliva. La trago pero enseguida me hace regurgitar. Cuando ya quiero ceder a las ganas de vomitar, la rebelión del cuerpo se desplaza hacia regiones inferiores. Y mucho antes de que pueda poner en guardia mi esfínter los intestinos comienzan a eyectar materia desechable.
Al cabo de un rato consigo incorporarme. Apoyo el codo en la crin de la almohada y miro a mi alrededor.

Estoy sola. Es lo primero que me viene a la cabeza.
No hay hombre, ni perro, ni mochilas, ni bolsas. Estoy sola, rodeada de botellas de cerveza vacías, de una mesita plegable medio abatida y de una bombona de camping gas. La luz diurna aumenta el tamaño del cuarto. Al fondo hay una torre de sillas encajadas unas sobre otras. Una segunda puerta, abierta de par en par, conduce al exterior. La mala hierba que ralea en el umbral se extiende hacia la arena.
Sólo en ese momento me sobreviene, con retardo, el impulso de huir.
Me incorporo, y desgarro mi ropa interior. Nada más ponerme de pie quiero precipitarme hacia la puerta, impelida por una descabellada sensación-de-tener-que-salir-corriendo. Oigo un ronco ladrido y el ruido de las patas de un perro que se acerca trotando. En el vano de la puerta asoma la cabeza de un collie de color aleonado, que me mira con sorpresa y sin hacerme mala cara; un instante después, para las orejas al toque de un silbato agudo, y vuelve a desaparecer. […]



Kilimanjaro Magazine
17 junio, 2010, 8:33
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Acaba de salir el número 10 de la revista Kilimanjaro.
Si no conocéis esta publicación de Londres, recomendada queda. Entre sus páginas podréis encontrar trabajos de moda, ilustración, collages y mucha fotografía, de lo mejorcito del panorama internacional.
Os dejamos con unas imágenes de este recién estrenado número.








No basta decir – Alejandro Jodorowsky
16 junio, 2010, 8:03
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ESPERANZA DEL AMOR
Hombre de acero he pasado toda mi vida esperando a la
mujer imán.
Aquella que puede convertirse en aire para que yo la
respire.
Aquella para quien todos mis caminos se convierten en
templos.
Ave que me encumbre al averno convertido en aureola.
Sequedad infinita para mi sed eterna, única muerte para
mi renacimiento sin fin.
¡Muérdeme los tobillos hasta que caiga en el barro, a golpes
hazme cambiar de forma,
Precipítame en las tinieblas para que pueda anunciar tu luz
convierte mi sol en luna con barba, libérame de la perfidia
de los calendarios!
Del fruto surge la raíz, la herida crea al puñal, todo árbol
nace en la cabeza de un ciervo.
¡Otórgame el freno y las riendas! ¡Vámonos de mundo en
mundo!

EN LA CASA VACÍA
Te he amado antes de que nacieras.
Las caricias que te he dado me han ido modelando.
Cada mirada tuya me ha parido en otra forma.
Es tu cuerpo el que me convierte en aureola.
He aprendido a hablar murmurando en tus oídos.
Porque me has metido en el molde de tus sueños
puedo pasearme por el mundo como un vivo.
Pero en la casa vacía no hay un solo mueble.
Sobre la suma de mis aniquilamientos
emerges como una fuente eterna.

11
Cayendo de silencio en silencio
alrededor de tanta ausencia
me precipito hacia tus besos
esperando llegar al infinito centro.
Pero la duda empaña mi certeza.
La verdad es que no has estado nunca
y yo te añoro en el futuro.

13
Me aspiras me creas me conviertes en sombra
y en la oscuridad fatal de mi disolución
Ávida te expandes como un erizo de luz
para guiar mi barca hacia tu puerto de carne.



Las doradas manzanas del sol – Ray Bradbury
12 mayo, 2010, 23:32
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[…] Ahora el zumbido estaba en ella, y sintió que la levantaban violentamente. Se sintió llevada por una dínamo que daba vueltas y vueltas y la arrastraba al corazón de giros invisibles, y luego la devoraba, aceptada por mil alambres de cobre, y la lanzaba en un instante sobre la tierra.
¡Estaba en todas partes a la vez!
Subiendo como un rayo a lo largo de altas torres monstruosas, en un instante, siseando entre polos de alta tensión donde unas perillas de vidrio eran como pájaros que sostenían los cables en sus picos no conductores, con ramas en cuatro direcciones, y ocho direcciones secundarias, en busca de pueblos, villorrios, ciudades, corriendo a las granjas, ranchos, haciendas, ella descendió suavemente como una ancha tela de araña sobre mil kilómetros cuadrados de desierto.
La tierra fue de pronto algo más que muchas cosas separadas, casas, rocas, caminos de cemento, un caballo aquí o allí, un ser humano en una tumba cubierta con guijarros, un cacto espinoso, una ciudad iluminada rodeada por la noche, un millón de cosas separadas. De pronto todo formaba una sola figura sostenida por una pulsátil tela eléctrica.
Entró derramándose rápidamente en cuartos donde la vida nacía con un golpe en la espalda desnuda de un niño, en cuartos donde la vida dejaba cuerpos como una luz que desciende de una lámpara eléctrica: un filamento que se oscurece y pierde el color… Estuvo en todas las ciudades, todos los cuartos, trazando figuras de luz sobre centenares de kilómetros de tierra; viendo, oyendo todo, ya no más sola, sino una entre miles de seres humanos, cada uno con sus ideas y su fe.
Su cuerpo era como una caída caña sin vida, pálida y temblorosa. Su mente, con una eléctica intensidad, corría por este camino, y aquel otro, en vastas redes de energía tributaria.
Todo en equilibrio. En un cuarto vio marchitarse una vida; en otro, a un kilómetro de distancia, vio vasos de vino que brindaban por el recién nacido, cigarros que pasaban de uno a otro, sonrisas, apretones de manos, risas. Vio caras pálidas y desencajadas en los blancos lechos mortuorios, oyó cómo esa gente entendía y aceptaba la muerte, vio sus gestos, sintió sus sensaciones, y vio que ellos, también, estaban solos en sí mismos, sin poder salir al mundo y ver el equilibrio, como ella lo veía ahora.
Tragó saliva. Le temblaban las pestañas, y el cuello le ardía bajo los dedos.
No estaba sola.
[…]

[…] ¡Me voy, Señor! -gritó enojado-. ¡Voy a derribar medio bosque!
Pero nadie lo oyó. Cora había caído en un mudo encantamiento. Miraba el lápiz detrás de aquella oreja de pelusa de melocotón. Vio cómo Benjy lo sostenía entre los dedos casualmente, ociosamente, indiferentemente. O no de un modo tan casual, Benjy pensó. Tómalo como si fuese el huevo primaveral de un petirrojo. Ella quería tocar el lápiz, pero no había tocado uno desde hacía muchos años, porque le hacía sentirse tonta, y luego enojada, y luego triste. La mano le temblaba en el regazo.
-¿Tienes papel?- preguntó Benjy.
-Oh, Señor, nunca pensé en eso -se quejó Cora, y las paredes del cuarto se oscurecieron-. ¿Qué haremos?
-Bueno, yo traje. -Benjy sacó un cuaderno de su maleta-. ¿Quieres escribirle una carta a alguien?
Cora sonrió de oreja a oreja.
-Quiero escribirle una carta a…, a…
Se le descompuso la cara. Miró alrededor como si buscase a alguien a lo lejos. Miró las montañas a la luz del sol. Oyó el mar que rompía en playas amarillas a mil kilómetros de distancia. Los pájaros volaban hacia el norte sobre el valle, hacia innumerables ciudades indiferentes. […]



Novela con cocaína – M. Aguéiev
23 abril, 2010, 14:07
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[…] Al cabo de unas dos semanas, cuando las señales exteriores de la enfermedad empezaron a atenuarse, aunque yo sabía perfectamente que aún estaba enfermo, salí a la calle con la intención de dar un paseo o entrar en algún cine. Era una noche de mediados de noviembre, un mes maravilloso. La primera nieve, esponjosa, semejante a fragmentos de mármol en el agua azul, caía lentamente sobre Moscú. Los tejados de las casas y los parterres del bulevar se hinchaban como velas azules. Los cascos de los caballos no resonaban, las ruedas no crujían y en la silenciosa ciudad las campanillas de los tranvías tintineaban inquietas como en primavera. Avanzando por el callejón, alcancé a una muchacha que iba delante de mí. No lo hice de manera premeditada, simplemente iba más deprisa que ella. Cuando llegué a su altura y la rodeé para adelantarla, me hundí en la profunda nieve; en ese momento ella se dio la vuelta, nuestras miradas se encontraron y nuestros ojos sonrieron. En una noche moscovita tan ardiente como aquélla, cuando caen las primeras nieves, las mejillas se cubren de manchas de arándanos y en el cielo los hilos del telégrafo se alzan como cables grisáceos; en una noche como aquélla, ¿dónde encontrar las fuerzas y la severidad para alejarse en silencio, para no volverse a encontrar nunca? […]



Flash Back – Retro Design in Contemporary Graphics
9 abril, 2010, 6:21
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Maravilloso libro el publicado recientemente por la editorial Viction:ary con algunos de los mejores trabajos de diseño e ilustración de los últimos años. “Flash Back” está dividido en tres secciones claramente diferenciadas: Geometría, Tipografía e Illustración, a cada cual mejor.
288 páginas que desprender un buen gusto y un poso exquisito. Sin duda es uno de esos libros que uno retoma con frecuencia para inspirarse o simplemente deletirse.

Aquí os dejamos un vídeo que hemos hecho con algunas de sus páginas. ¡Cuidado con la baba! ; )